¿Debe el Cristianismo promover la Lucha de Clases?
INTRODUCCIÓN:
Desde
que por motivos políticos se produjo la consolidación de la Iglesia Católica
dentro del Imperio Romano, primero bajo un marco de legalidad y después bajo un
marco de oficialidad, han estado inevitablemente juntos el Cristianismo y la
política; variados sucesos se han producido y se han decidido en esta especie
de matrimonio poli amoroso dónde la economía no solo que también forma parte
del mismo, sino que es el componente más importante de esta relación. Creo que
no será necesario recordar la influencia de los gobernantes feudales,
renacentistas y modernos en la designación de las autoridades eclesiales y en
el apoyo a las iniciativas de “Cruzadas” por parte de la Iglesia Católica;
ahora bien: cuando la producción comienza a extenderse más allá de los grupos
jerárquicos del gobierno y más aún, cuando empieza a evolucionar hacia la
industrialización, generando para el proletario la necesidad de establecer
nuevas relaciones obrero patronales, la iglesia tanto Católica como evangélica
o protestante en sus diferentes confesiones, no solo que no fue indiferente a
esta situación, sino que tomó partido y tomó partido de lado de la economía, de
lado del poder económico, censuró la génesis y el proceso de lucha de la
Revolución Francesa, censuró el movimiento de la Comuna de París, censuró el
Marxismo, censuró el anti zarismo en Rusia, censuró el liberalismo en América
Latina y ni que decir acerca de la censura al movimiento obrero a inicios del
siglo XX en Italia, esta censura se mantuvo vigente y en algunos momentos, muy
aguda durante todo el siglo XX y para justificarla más allá de razones de
conveniencia económica, se enarboló la Palabra de Dios y se categorizó de
pecado a la lucha social; decían que el cristiano no podía ser marxista porque
el marxista no creía en Dios –en lugar de llamar a transformar el marxismo-,
decían que el obrero no podía revelarse porque el caos social iba en contra de
los preceptos divinos –omitiendo que el cristianismo y el mismo Jesús, usaron
el caos y la conmoción de las gentes para actuar- y hasta llegaron a exaltar la
pobreza diciéndoles a las masas crédulas que la miseria y el sufrimiento en la
tierra tendrían una recompensa en el cielo –olvidando que Jesús dijo: “Dad al
César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”-[1], sin embargo, para mala
suerte de la jerarquías eclesiales y de las oligarquías, no todos los creyentes
tragaron entero y en medio de la censura, surgieron voces que en nombre de
Dios, reivindicaban aquello que bautizaron como “Justicia Social” o los más
extremos como “Lucha de clases”, entendiendo a la lucha de clases como una
guerra radical entre ricos y pobres, en la que estos últimos comprenden que los
ricos siempre están unidos en torno a mantener sus privilegios y que son los
pobres los que al pagar por esos privilegios, siempre resultan perjudicados y
por ende, entendiendo que la única manera en la que nadie resulte perjudicado
es aboliendo los privilegios generados por esa división de clases y por ende,
aboliendo las clases sociales en pro de la formación de un solo grupo social de
individuos que tengan las mismas oportunidades y mismos derechos, ahora bien:
¿Tienen razón esos cristianos?, ¿hay que promover la lucha de clases?, ¿la
Biblia apoya estas luchas o dice algo al respecto? Eso es lo que analizaremos a
continuación.
El origen del término “Lucha de clases”,
significado, contexto cultural y trasfondo histórico:
El
origen conceptual del término “Lucha de clases”, si bien es atribuido a Marx y
a Engels, aparece mucho antes, muchos lo ubican ya presente en los tiempos de
Nicolás Maquiavelo, que fue el primero en postular que toda sociedad
políticamente organizada tenía un conflicto que para él se derivaba de “los
tipos de vida” que se encontraban en dicha organización, para Maquiavelo la
sociedad solo se dividía en 2 capas: “El pueblo” y “Los Grandes”, estos últimos
eran los que gobernaban al pueblo. Posteriormente este conflicto comenzó a
verse reflejado en las relaciones humanas de propiedad y producción, basado ya
en lo que ahora conocemos como “Clases sociales” y se consolida cuando Adam
Smith concluye en su investigación «De las causas del
adelantamiento y perfección en las facultades productivas del trabajo y del
orden con que su producto se distribuye naturalmente entre las diferentes
clases del pueblo», que: “El producto del trabajo de la tierra se
divide en tres salarios que constituyen tres órdenes(clases sociales)
diferentes: los que viven de las rentas, los que viven de los salarios y los
que viven de las ganancias”[1].
Por lo
anteriormente expuesto, podemos ver que este término no hace referencia a una
lucha o guerra en sí mismas, sino a un conflicto presente de manera perpetua en
la sociedad mundial, por lo mismo, no puede tener ningún significado condenable
ni pecaminoso ya sea para el mundo tanto como para el Cristianismo; todo lo
contrario, podríamos decir que la “Lucha de clases” es una herramienta que
sirve para propagar la esperanza del Reino de los Cielos, es decir: en un mundo
donde unos dominan a otros en razón de tener un poco más que sus hermanos, el
Cristianismo representa la opción de tenerlo todo en el Reino de los Cielos,
por el simple hecho de ser nacidos de nuevo a través de la Fe en Jesús.
El
contexto cultural de la “Lucha de clases” según el orden que expone Smith, es
un contexto en el fondo bastante fácil, ya que nadie se atrevía a contrariar lo
que se consideraba un “orden” de carácter natural donde la aristocracia y la
iglesia dominaban frente a la todavía naciente e incipiente aparición de nuevas
ciudades y el fortalecimiento del llamado “Tercer Estado”, que no era otra cosa
que el último estamento o clase social del feudalismo.
Podemos observar de esta forma que el trasfondo histórico de este término, no es un trasfondo violento ni en su origen ni en su definición, sino un trasfondo social que al contrario, no alteraba el orden como se piensa, sino que solo lo describía.
¿Cuándo adquiere el término “Lucha de Clases” el
tinte rebelde, violento y pecaminoso de la actualidad? ¿Es la Lucha de Clases
un acto necesariamente violento?
A
partir de la Revolución Francesa, el término “Lucha de Clases” fue interpretado
de diferentes maneras y esta interpretación múltiple se debe a que este hito
histórico produjo la aparición de un nuevo actor político- social: los que
carecían de posesiones materiales; estos, a medida que veían incrementado su
poder a través de alianzas con diferentes sectores de las clases opresoras,
empezaron a tener una percepción distinta del resultado de esta revolución, de
manera que surgieron nuevamente categorizaciones que rompían con aquello de
“Libertad, igualdad y fraternidad”, estas categorizaciones a su vez generaron
conflictos de intereses entre una y otra categoría y se comenzó a entender a la
“Lucha de clases” como una guerra política entre los grupos que se consideraban
parte de las distintas categorías o componentes sociales de aquella sociedad.
Es en este largo conflicto social -que en la actualidad se ha transformado
según lo exige el pos modernismo, pero aún no acaba-, que surgen 3 principales concepciones
sobre la “Lucha de clases”:
1. La concepción conservadora: esta concepción sostiene que la “Lucha de clases” da origen al surgimiento de movimientos sociales por medio de los cuales, las clases bajas buscan ascender socialmente, generando violencia y contra esto, proponen una “monarquía social” que debe actuar a favor de todos reformando –no revolucionando- el estado cada vez que la sociedad lo necesite.
2. La concepción anarquista: para los anarquistas, la lucha del pueblo no debe ser solamente contra la opresión de las clases altas, sino contra el estado mismo, pero no para reformarlo o revolucionarlo, sino para abolirlo y generar nuevos mecanismos de interacción social en los cuales ya no sean necesarios ciertos conceptos “burgueses u opresores” como el dinero e incluso como el trabajo y la producción tal como los entendemos actualmente.
1. 3. La
concepción marxista: el marxismo plantea, que esta lucha necesariamente produce
un cambio, una revolución y esa revolución es la que finalmente permite una
nueva relación de las clases bajas con los medios de producción, es decir qué
para el marxismo, la “Lucha de clases” es solo la base para un cambio
trascendental.
Si
somos cautelosos, nos podremos dar cuenta de que las concepciones que más han
prevalecido y prevalecen a lo largo de la historia, son las concepciones
conservadora y marxista; ahora bien: la concepción conservadora ha demostrado
que la constante introducción de reformas, no solo que es inútil para contener
la desigualdad, sino que tampoco frena la violencia y esto es evidente en el
Reino Unido, donde el aparecimiento de un marcado nacionalismo, generó
violencia social y política reflejada en el “Brexit” y aún las reformas que se
han introducido, no han sido capaces de detener el avance de un nacionalismo
radical que alimenta los ánimos de las clases bajas de salir adelante,
generando odio hacia los extranjeros y rencor contra los miembros de la Unión
Europea, un caso similar se ve en Francia, país donde el nacionalismo ha
obtenido importantes cuotas de poder y en Italia, donde el nacionalismo
violento es requerido incluso para formar gobierno; si miramos hacia más atrás,
podemos decir que fue esa concepción conservadora la que generó el nazismo
alemán, sistema cuyas causas cargó el mundo entero. La concepción marxista en
cambio, no necesariamente se interpreta como un cambio de carácter violento en
las relaciones de producción, sino como un cambio radical y de hecho, esos
cambios no se consiguen mediante la “Lucha de clases”, sino que esta es solamente
la causa que detona una revolución cuya consecuencia es un cambio trascendente
y radical en las relaciones de las clases bajas con los medios de producción y
esta revolución bien puede lograrse con la violencia, como con el acuerdo
social, ya que lo más importante para conseguir la misma –según Marx-, es que
las clases bajas –proletarios y campesinos- se unan, por ende podemos ver que
la “Lucha de clases” no es necesariamente un acto violento y que incluso, la
concepción que así la define, es la que más violencia ha generado a lo largo de
la historia a través de sus distintos movimientos y representantes, ya que no
se puede resolver un problema esquivándolo o ignorándolo.
¿Dice algo la Biblia respecto a los conflictos sociales y que nos pueda servir para definir nuestra postura como cristianos frente a la “Lucha de Clases”?
La
Biblia, no solo es un libro de inspiración Divina, sino que es una compilación
de textos cuyos autores y comunidades fueron hijos de las circunstancias
sociales y económicas de un mundo siempre atribulado, por ende, siendo las
relaciones de producción -aún en su forma más primitiva- un problema constante
en la humanidad, evidentemente la Biblia se refiere a este y otros conflictos y
problemas sociales.
Romanos
12: 15-18 dice: “15 Gócense
con los que se gozan. Lloren con los que lloran. 16 Tengan
un mismo sentir los unos por los otros, no siendo altivos sino acomodándose a
los humildes. No sean sabios en su propia opinión. 17 No
paguen a nadie mal por mal. Procuren lo bueno delante de todos los
hombres. 18 Si es posible, en cuanto dependa de
ustedes, tengan paz con todos los hombres”[1]. La Carta a los Romanos, es considerada por muchos
como la epístola más importante escrita por el Apóstol Pablo, no solo por su
contexto social, sino por el impacto que ha causado –incluso en el propio
Martín Lutero- leer la misma a través de los siglos; una de las características
que pueden encontrarse en esta epístola, es que la introducción a la misma, es
un poco más larga que las otras epístolas de Pablo, es bastante más teológico
pero a la vez bastante más espiritual en esta epístola. En los versículos 3 y 4
del capítulo 1, Pablo hace énfasis en que su deber es predicar a un Cristo
humano y Divino, el versículo 3 enfatiza la humanidad de Cristo al declarar que
el mismo era descendiente de David o en Griego: “ek espermatos” –la semilla- y
tan solo después del versículo 3, Pablo habla de la Divinidad de Cristo, pero
no lo hace de manera suelta, sino que inmediatamente en el versículo 5, empieza
a hablar de la “Gran Comisión” entregada por Cristo a sus seguidores, es decir
que para el Apóstol Pablo, Cristo es primero hombre y después Dios y no se
puede servir a este Dios sin servir a los hombres. Ahora bien, es lógico decir
qué si Cristo es primero hombre, no puede ser Dios ignorando los problemas
sociales a su alrededor, de echo como ya vimos antes, en Romanos 12: 15, nos
invita a gozarnos con los que gozan y a llorar con los que lloran, o sea, nos
invita a tener empatía con los demás, existiendo previamente –en el versículo
5- la condición de que no podemos simplemente tener empatía sin servir, es decir:
no podemos llorar sin hacer algo para calmar ese llanto. Por consiguiente,
siendo la “Lucha de Clases” un fenómeno presente a lo largo de nuestra historia
y con tantos perjuicios en contra de las clases más vulnerables, el cristiano
debe servir haciendo todo lo que esté a su alcance para que los vulnerables sean
satisfechos en sus necesidades de elemental dignidad y si eso implica servir
promoviendo causas obreras o campesinas e incluso políticas de manera directa,
debe hacerlo, ya que el espíritu mismo de la Palabra de Dios y por tanto, de la
Gran Comisión, es reivindicar al ser humano y sacarlo de la miseria que es un
producto del pecado. En conclusión: servir a Dios, significa servir a los
hombres pero cuando hablamos de “servicio a los hombres”, hablamos de servicio
a los más vulnerables, a los discriminados, a los miserables, a los oprimidos,
a los explotados, a los esclavos, o sea, a los pobres.
Conclusiones, ¿Cómo el cristiano puede promover la “Lucha de Clases”?
En Mateo 15: 19-21, Jesús nos da una enorme
lección de justicia social:
“19 Muéstrenme la moneda del
tributo.
Ellos le presentaron una moneda[a]. 20 Entonces
él les dijo:
—¿De quién es esta imagen y esta inscripción?
21 Le dijeron:
—Del César.
Entonces él les dijo:
—Por tanto, den al César lo que es del César, y a Dios lo que es
de Dios”[1].
Aquí
podemos ver como Jesús no exime al pueblo empobrecido y esclavizado por los
romanos de su responsabilidad, pero tampoco es indiferente a su dolor; es
responsabilidad de todos contribuir con su trabajo y el fruto del mismo a la
sociedad, pero es importante que esa contribución sea justa y ayude a crear un
entorno de igualdad y oportunidades donde cada quien pueda tener acceso a
servicios que hagan posible una convivencia libre y pacífica dentro de su
entorno. Y es en pocas palabras esto, lo que plantea la “Lucha de Clases” según
la definición actual y según su trayectoria de lucha dentro del contexto
marxista; por ende, si alguien se precia de ser verdaderamente cristiano, debe
buscar la paz por medio de la justicia cuando entendemos esta como una digna
igualación de oportunidades y si la denominada “Lucha de clases” lo promueve,
debe el cristiano apoyar esta lucha; así como debe apoyar las luchas
reivindicadoras de los distintos grupos sociales que no necesariamente persigan
fines económicos sino legales, siempre que estos no sobrepasen la barrera del
respeto al individuo como sujeto social y de ideas. Si la lucha por la justicia
está en los sindicatos, el cristiano debe apoyar a los sindicatos y si está en
la política, el cristiano debe apoyar a la bandera política que promueva la
justicia social y debe siempre entenderse que la justicia social no se puede
separar de la libertad, es decir: justicia social y libertad, son una misma
bandera porque cuando hablamos de Jesús, hablamos de un ser que salva pero que
también juzga, es decir: liberta de la preocupación de la muerte, de la condena
del infierno, pero juzga a aquellos que no aceptan esa libertad por ceguera a
causa de sus propios intereses y entorno, es justo decir entonces que para ser
cristianos de verdad, debemos ser capaces de mirar más allá de nuestros
entornos.
Ya para
finalizar: ¿cómo puede el cristiano promover la “Lucha de Clases”? el cristiano
puede promover la “Lucha de clases” practicando la justicia, dando de comer al
hambriento, predicando la paz con sus actos, mirando primero a los más
necesitados, estableciendo proyectos que obliguen a la iglesia y a sus miembros
a ser verdadera “asamblea de creyentes”, es decir: a salir fuera, ver y
sensibilizarse con el entorno que los rodea. El cristiano que rechaza al
hambriento, que se pone de lado de los ricos y que se aprovecha de su iglesia y
fieles, no lo hace por maldad la mayoría de ocasiones, sino que lo hace por
ignorancia, si somos cristianos, buscaremos combatir la ignorancia y cuando
combatamos la ignorancia, lo haremos tal como lo hizo Jesús, primero con
acciones y después con palabras. La justicia y la paz del Reino de los Cielos,
no pueden quedarse solamente en meras palabras, son necesarios los hechos,
hechos que por sí solos den cuenta de Cristo y de nuestra Fe.
Firma:
Luis Bonilla (Evangelista, activista político, Cristiano con principios Marxistas).
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